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Comunidades que aprovechan la oportunidad de expresarse

Por Emanuel Gall y Eva Fontdevila

La sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual ha traído, como se ha dicho en innumerables textos publicados por comunicadores, intelectuales, funcionarios, militantes y demás, una innovación fundamental al panorama mediático y político. Por un lado, ha incluido a la comunicación entre los derechos de las personas, alejándola de su tradicional papel de mercancía. Y por otro lado, ha plasmado un “modo de hacer leyes”  coherente con su propia letra. Esta ley promueve la participación y a su vez es producto de la convergencia de organizaciones de la sociedad civil, universidades, investigadores y ciudadanos en general, preocupados por desarrollar iniciativas con fuerza de política pública.

Sin dudas las leyes no cambian de inmediato las culturas políticas ni las culturas a secas. Sin embargo, los marcos normativos obligan al Estado –al Poder Ejecutivo en particular- a crear los mecanismos necesarios para que la sociedad pueda ejercer los derechos plasmados en la ley y a reclamar ante su incumplimiento. Básicamente de eso se trata la ampliación de derechos y ciudadanía, y la comunicación, ahora, es parte de ese concierto de articulaciones entre poderes.

En este nuevo marco, la Secretaría de Articulación Territorial y Desarrollo Local del Ministerio de Desarrollo Social de Tucumán ha apoyado con recursos económicos y de capacitación la creación de 13 nuevas emisoras comunitarias en el interior de la provincia mediante el concurso “Propuestas Comunitarias 2009”, otorgado a 60 proyectos impulsados por las Mesas de Gestión Local que funcionan en todo el territorio provincial.  

Con el premio inicial, de $20.000 por proyecto, ciudadanos en general, directores de escuelas y de centros de salud, integrantes de centros de jubilados, centros culturales y demás actores sociales, han desarrollado la primera parte de su sueño: equiparse para tener una emisora de FM local.

Durante 2010, Abrojos. Colectivo de Educación Popular tuvo a su cargo la capacitación a los grupos promotores de las Radios en los mismos territorios. Con un esquema básico de 8 encuentros por radio, el ciclo incluyó aprendizajes sobre el lenguaje de la radio, géneros y formatos de ficción y no ficción, programación de la emisora, guionado de programas, principios de periodismo y comunicación comunitaria, y criterios de gestión y sostenibilidad en el trabajo cotidiano. Además un taller específico sobre derecho a la libertad de expresión y alcances de la Nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual ayudó a comprender el contexto y vislumbrar posibilidades de intervención concreta en el espacio comunicacional “legal”.

El capítulo relacionado con la gestión y sostenibilidad atrajo mucho el interés de los destinatarios de los talleres. Sin dudas un aspecto de difícil resolución que el movimiento de radios comunitarias ha ido abordando y sistematizando en los últimos 20 años para construir herramientas que colaboren en la construcción de condiciones reales de autonomía.

Una radio comunitaria siempre refiere a una complejidad de factores componentes que permite superar la idea abstracta y pensar en los obstáculos y fortalezas particulares de cada proyecto en sí mismo. Porque son ante todo deseos de expresión colectivos puestos en práctica que para permanecer y recrearse deben concebirse en sus dimensiones comunicacionales, organizacionales, económicas y como una propuesta político cultural, que se imagina y que deriva en distintos niveles y modos de incidencia social real en las comunidades donde se anclan. No hay radio posible sin un desafío de asimilación (en el corto, mediano y largo plazos) por parte de la comunidad. Desafío concreto y formulado por sus miembros promotores que se dibuja imaginariamente un proceso de transformación que debe dejar en el territorio huellas significativas. Marcas que con el tiempo se aprenderán a medir en hábitos de consumos culturales novedosos por parte de los pobladores, en prácticas comunicacionales innovadoras de los vecinos (y el mismo grupo promotor) o en espacios de contención, recreación y encuentro ciudadano que no existía previamente en el barrio o comuna.

Abrojos como colectivo que acompaña este proceso (muy incipiente en algunos territorios), cree que el espíritu de la LSCA no sólo debe interpretar el derecho de los ciudadanos a expresar sus pensamientos y deseos por nuevas vías, sino también el derecho a construir las mejores armas, profesionalizarlas, comprometerlas, y ayudarlas a concebir  herramientas de auto evaluación que den con buen tino una idea de la calidad del aporte con que cada nueva iniciativa consigue marcar el mapa comunicacional de las comunidades que las sostienen.


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