Las infancias son prioridad en el tercer gobierno de Lula Da Silva

Por Samia Bechelane, desde Brasilia

Un niño negro sube la rampa del palacio presidencial de la mano del presidente electo, el domingo que él se hace cargo del puesto más alto de la nación. Con ellos van un joven con discapacidad, una joven negra recicladora, un anciano indígena, un metalúrgico del barrio y otros representantes del pueblo.

Así pasó uno de los momentos más significativos de la posesión de Luiz Inácio Lula da Silva, quien asumió por tercera vez la presidencia de Brasil el 1 de enero de 2023. La escena fue tomada por muchos como un símbolo de esperanza y del compromiso de Lula no solamente con la niñez, sino con la gente brasileña y toda su diversidad, sistemáticamente rechazada y atacada por el ahora expresidente Jair Bolsonaro.

A pesar del asalto golpista a la semana siguiente por parte de miles de seguidores de Bolsonaro a las sedes de los poderes de la República en Brasilia, la democracia brasileña resiste. Asimismo, parece sostener una entre varias certezas: la atención a la niñez será prioridad en el gobierno del presidente Lula.

Esto se afirma no solamente debido a una de las leyes más avanzadas del mundo en términos de la niñez, el Estatuto del Niño y del Adolescente [ECA], sino también por el esfuerzo que llevaron a cabo los gobiernos de Lula y Dilma Roussef [2003-2016] para cumplirlo y asegurar la amplia red de protección a niños, niñas y adolescentes establecida por la norma. Sin embargo, los desafíos son inmensos.

El grupo técnico responsable de la transición entre gobiernos encontró una herencia terrible de la gestión de Bolsonaro y su exministra Damares Alves, quien se hacía cargo del área. El presupuesto de las políticas públicas para la niñez sufrió reducciones dramáticas, incluso en áreas fundamentales para la seguridad alimentaria como la merienda escolar.

El país vio también el aumento del hambre entre los niños pobres, cuyas familias se volvieron aún más miserables en medio de los índices generales de empobrecimiento del país. Durante el gobierno del negacionista Bolsonaro, también bajó la cobertura de vacunas entre los niños y miles se quedaron huérfanos por la covid-19. Además, aumentaron las estadísticas de abuso sexual hacia niñas y de asesinatos de adolescentes negros.

Por ahora, no hay otro camino sino el que establece el ECA y ya conocen los trabajadores del área: una articulación fuerte, transversal y permanente entre los ministerios, secretarías y actores responsables de garantizar los derechos humanos de meninos y meninas.

Expertos involucrados con el nuevo gobierno dicen, además, que las inversiones en políticas para la niñez deben llevar en cuenta preocupaciones contemporáneas, como la emergencia climática y el racismo ambiental. Sin dudas, que en este nuevo tiempo, ¡hay que garantizarles a niños y niñas la posibilidad de vivir el presente y su derecho al futuro!

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